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Kaas
"He empezado a visitar al psicólogo, dos veces al mes y me esta ayudando a centrarme en mi y dejar de girar alrededor suyo como si fuera su único satélite. El único, el lugar que yo misma me adjudique. No sé... Creo que todo empezó hace mucho. ¿Desde niña?, ¿adolescente?, quizás. Desde los problemas de autoestima y alimenticios, las interminables sesiones con el psicoanalista que con el tiempo abandoné -(el psicoanálisis nunca fue bueno)".

Ha trabajado mucho, muchísimo y ha logrado verse maravillosa ante todos y cada uno de sus amigos. Ante todos menos ante sí. Las carencias afectivas le han jugado malas pasadas. Aunque quizás en su inicio al romance no fuera así, no tengo muchos datos pero sí el hecho de que hasta hoy con alguno son amigos, más que amigos casi hermanos. Quizás algo la hizo perder, perderse, olvidándose del lugar donde se fue a posar todo aquel amor propio y seguridad que por ahora... le ha sido difícil de encontrar.

De amor en amor hemos ido todos, marcas de guerra se han posado en nuestros corazones, nuestros recuerdos y hemos seguido quizás equivocándonos, hemos aprendido y hemos repetido errores. Humanos al fin. Han pasado los años y algo nuevo empezó, casi sin esperarlo, sin pensarlo, sin saber a dónde le llevaría, sin saber aún si podrá continuar.

"Todo fue tan  deprisa: de unos días de conocernos a la aventura de vivir juntos, ahora compartimos piso, ¡no! mejor lo compramos. Entonces pienso que eres lo que esperaba, la oportunidad de demostrarme que hay alguien en el mundo dispuesto a amarme y hacerme compañía, emprender una vida en relación y creo, creo que serás capaz de comprometer tu vida con la mía. De ser uno".

¿Compromiso?

"Entonces descubro tu egoísmo, tu incapacidad para darte cuenta que más allá de ti existo yo pero no estoy lejos sino frente a ti, a tu lado y que tu vida muchas veces me importa más que la mía. Ibas a sitios y fiestas siempre con los amigos, pocas veces me invitabas y no podía entender el por qué, hasta llegué a pensar que existía otra. Cometí un error: registrar tus cosas, invadir tu espacio más de lo que me hubiera gustado y lo que descubrí sólo me lo confirmaba. En tu vida el personaje principal eras tú, eso no me pareció mal pero lo que me espantó confirmar era que además eras el único personaje. Yo casi no figuraba, al menos así lo veía".

¿Qué hacer?

"No podía parar. Con cada registro me golpeaba a mi misma, buscaba respuestas pero en su lugar sólo me encontraba con justificaciones tuyas y justificaciones mías. Nuestras discusiones pronto se acentuaron y dieron inicio a un absurdo juego: tú escondías tus cosas, yo las encontraba y las ponía en otro lugar, otro escondite para luego ser encontradas otra vez por ti. Me obsesioné con aquellas pastillas y te pedí que me ayudaras pues no me hacían bien, ellas me estaban perturbando mas tú decías que las controlabas y sólo las tomabas cuando ibas de marcha que eran pocas veces. No me entendías. Algún día accediste a ir a un centro, yo te acompañe. Aquel día me sentí feliz, llegue a pensar que iniciarías algo nuevo, que intentarías ser mejor persona y me dejarías acompañarte en esta nueva etapa. Nada más lejos de la realidad. Salimos de aquel lugar y dijiste que lo dejarías por ti solo, poco a poco lo superarías. Quería creer en ti".

¿Qué ha pasado?

"Nada, todo sigue como antes. Algunos días parece ideal pero otros...es aquel que juega conmigo al gato y el ratón, sólo que ya no sé cuál es mi papel. Quizás no lo tenga, ¿alguna vez lo tuve?".

¿Y tú?

"Tengo un problema: no me ocupo de mi, de lo que es realmente importante y eso me hace sufrir. Ahora me he planteado nuevos retos y en ello me ayuda la terapia pero aún, aún no he podido decidir que hacer con mi situación sentimental porque aunque suene tonto: lo amo. Podría ser miedo a la soledad pero de momento me resisto a pensar en ello. De momento seguiré hasta donde pueda aunque debo confesar que cada vez me siento más cansada. Sé que hay cosas que debo mejorar, que no soy la mejor ni por asomo así que voy a mejorar por mi y quizás, sólo quizás también por él".
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Hum...

Particularmente, no me atrevería a cambiarte nada. Quizás un pequeño gran detalle: y si te enamoras de ti?.
Kaas
Era 1986...

La familia acababa de reunirse para celebrar el Día de la Madre. Los regalos, los abrazos, la comida, la bebida, la música, todo se había aprovechado. Para esa fecha los hermanos viajaban de los distintos lugares del país para ir a felicitar a su madre. Todos los años el mismo ritual.

El día de la madre pasó pero en un mes sería el Día del Padre. Todo era diferente, por lo menos ese año, y alguno más.

No había sido el padre ideal. Enfrascado en planes para sus campos, las mujeres y la bebida le habían distanciado de su familia. Hasta hace unos pocos años atrás se mostraba violento llegando incluso al maltrato físico. Ellos no le reconocían como tal, o no querían reconocerlo, sus hijos le habían ido perdiendo el cariño y respeto, a cambio un sentimiento nuevo se estaba apoderando de ellos, el rencor. Con los años todo mejoraría, entonces no.

Era el día del padre de 1986, la pequeña había cumplido 9 años casi el mismo día...

Para entonces ya había escuchado, muy de paso, cosas sobre su padre. No le gustaban, era muy pequeña para entenderlo así que no lo entendía pero veía tristeza y enfado en el rostro de su madre, de sus hermanos. Por otro lado pensaba que no sería tan malo puesto que su madre le amaba y le había perdonado todo el tiempo. Alguna vez fue testigo de maltrato físico, era muy pequeña.

Aquella mañana no había música en casa, los hermanos no habían venido, la comida era como la de cualquier otro día, nada especial. No habían regalos. Le vio caminar por casa, pesaroso. Pensó, con sus 9 años, que aquella situación era triste, muy triste, así que resolvió cogerle unas monedas a su madre, de la cajita de las monedas de la tienda, en el mercado del pueblo. Mientras llegaba se fijó en un pequeño frasco de perfume con forma de cochecito, el líquido era de un azul intenso, era al final un perfume barato. Llegó, vio que su madre estaba ocupada y, con más miedo del que creyó, le cogió unas monedas, lo que costaba el cochecito azul. Se fue.

Llevaba escondido el pequeño perfume en uno de sus bolsillos, en casa, los hermanos que aún vivían allí, estaban ocupados así que se dirigió a la cocina. De uno de los cajones de la vitrina, tan vieja como la casa, saco un trozo de papel de regalo usado, no era una artista (entonces) así que envolvió lo mejor que pudo el cochecito y se dirigió a la habitación de su padre que estaba ahí leyendo el periódico.
"Feliz día Papá"

Sentado al borde de la cama, como estaba, bajó el periódico. Ahí, en el umbral de la puerta de su habitación estaba su pequeña hija con las manos tras la espalda. Ella se acerco, le dio un abrazo y le entregó su regalo quedándose unos minutos para ver como lo abría.
"Gracias Hijita"
La abrazo fuerte. Ella se fue alegre, estaba feliz porque su padre había tenido un regalo en su día. Antes de salir vio alguna lágrima asomarse a sus ojos, le había dado la sorpresa y estaba feliz.  Luego de aquello su padre salio de su habitación a contarle a sus otros hijos de su regalo, lo mostraba, se perfumaba. Todos le felicitaron, era un día del padre sin comida especial, sin bebidas, sin todos los hermanos, ¿sin regalos?, no. Era un día del Padre con un regalo: el cariño e inocencia de la pequeña de la casa.

No sabia de cosas de mayores, pensaba que los problemas eran cosas de mayores no de ella, no sabia de rencores, sí de miedos. No sabia más de lo que debe saber una niña.

Respecto al dinero que cogió, se decía a sí misma que no había robado, lo había tomado prestado y cuando fuera grande y trabaje lo devolvería.
Kaas
Han pasado casi 4 años...

Sus ojos lagrimeaban, no podía contenerlas más, la situación le estaba apretando, se le hacía difícil respirar, decir, sentir...

Era su primer amor. ¿Amor?. No, su primera gran ilusión tal vez, la que había estado esperando con ansias, con deseo, con miedo. Ella tenía lo que él buscaba: paciencia, gracia, inteligencia, buen humor, ganas de enamorarse y soledad. Él apareció así derrepente, sin avisar, sin pedir permiso, sin siquiera presentarse. Era lo que ella deseaba, algo inesperado capaz de sorprenderla, capaz de alejarla de su realidad, capaz de enamorarla...

La distancia fue letal. Estuvo siempre presente, desde el primer saludo, las primeras letras, las primeras sonrisas, el primero beso, el primer abrazo, las primeras lágrimas. Las últimas lágrimas. Apareció y se instaló con fecha de partida abierta, desconocida para ellos. Se acomodó a la situación y le gusto este nuevo sitio, lo hizo suyo.

Todo era tan perfecto.

Los deseos de verse, de encontrarse, de perderse entre sus brazos. Las familias apreciaban su amor aún con todas sus facilidades, aún con todas sus dificultades. Todos lo sabían. Los amigos, los familiares, los conocidos, todos estaban ilusionados y hasta sentían envidia (de la buena al parecer, si es que ésta existe). Los encuentros fueron pocos. Para mantener la llama se agenciaron de todo aquello que pudiera acercarlos, todo valía, todo...

No fue suficiente.

Las vidas de ambos debían continuar así. Con la distancia de compañera llego la tristeza, las sonrisas eran menos, el sentimiento de soledad volvía y daba paso a otro peor aún: el sentimiento de pérdida. ¡Que noches interminables!, ¡que días cortos!. Fuera la gente seguía sus vidas, ella no era capaz de seguir la suya.

"Ya no me siento enamorado de ti". Se le cortó la respiración.

Era una nueva sensación. Dolorosa, pesada, angustiante, gris. Aún así continuaron, ambos tenían temores: él de estar confundido y perder a la mujer de su vida, ella de estar enamorada y creerse incapaz de sentirse así otra vez. Siguieron hasta que se encontraron, esta vez para siempre. No hubo emoción, ni besos ilusionados, no hubo un fuerte abrazo ni un "bienvenida a mi vida", todo lo que hubo fue un par de desconocidos aferrándose al pasado. Mucho silencio.

Nada fue como se imaginaron, ya no eran uno, hace mucho que sabían lo agotado de sus sentimientos. Víctimas del temor a equivocarse no lograron dar fin a tanta angustia. No a tiempo. Entonces... Sus ojos lagrimeaban, no podía contenerlas más, la situación le estaba apretando, se le hacía difícil respirar, decir, sentir... 

Ella le tomo de la mano con el deseo de afrontar lo que venga de una buena vez. Era un día soleado, flanqueados por el monte y el mar, entre te quieros, tengo miedo y no me dejes terminaron con tanto amor. ¿Sí?. No, terminaron con tanta angustia. Nunca hubo tanto llanto, tantas lágrimas, tantos besos compasivos, tanto dolor en dos personas que un día creyeron amarse por encima de un tercero en la relación, por encima de la distancia. No hubo un "para siempre". Se perdieron la pista, no se siguieron más. Todo se volvió gris. Antes de irse ella le escribió una carta que guardo de tal manera que él la encontrara facilmente. Le dio dos besos y se fue muy temprano por la mañana. En la carta le daba las gracias por tantos momentos felices pues eran esos los que ella recordaría, le deseaba toda la felicidad del mundo y le pedía que se enamore y fuera feliz, que no dudara que ella lo sería.

Han pasado casi 4 años. Él aún vive en su recuerdo como un ser especial, ella... no lo sabe pero cree que sí, quizás como un recuerdo doloroso guardado en un rincón poco visitado de su corazón (o al revés). Cree que se ha vuelto a enamorar, es un chico maravilloso y además era uno de los puntos del "Concilio" creado por ambos. Sus vidas han tomado rumbos diferentes, el uno no sabe del otro. Se han llorado por meses, por años quizás pero siguen sus vidas de la mejor manera posible. A su manera.

Dicen que toda historia tiene un final, pero en la vida...cada final tiene un nuevo comienzo.
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